Con la Iglesia hemos topao, dice el Comisario Perea (Javier Collado) al ver frustrada su investigación sobre un sacerdote sospechoso de abusar de un menor. Se trata del Padre Gaitán (Julio Arrojo), uno de los nuevos personajes de la quinta temporada de “Amar en tiempos revueltos”.
Este nuevo cura del barrio se presentó como un hombre simpático y con una mente relativamente abierta. Aunque desde el principio cayó bien, todos intuíamos que algo iba a pasar (y nada precisamente bueno). Es entonces cuando Leonor, la hija de Manolita y Marcelino, es testigo involuntario de una supuesta situación comprometida, la cual pone en jaque la decencia del Padre. Pero hay un problema: los espectadores no vimos en realidad nada; ni siquiera un indicio de abuso. La niña sale corriendo espantada y, a partir de entonces, todos empezamos a ver actitudes sospechosas y reacciones del niño algo desproporcionadas.
Pese a la investigación clandestina que lleva a cabo el comisario, sobre la mesa tan sólo hay meras sospechas sin contrastar que, en principio, no pueden etiquetarse como pruebas reales de un delito. De ahí que aquellos que seguimos esta serie estemos impacientes por saber si el Padre Gaitán es culpable o, por el contrario, ha sido víctima de una acusación injusta.

El Padre Gaitán

Julio Arrojo
Los sacerdotes, es decir, aquellos hombres que desde sus orígenes se han dedicado a servir en cuerpo y alma a la Iglesia Católica, salen en esta serie muy mal parados: no solamente el Padre Gaitán es puesto en evidencia, sino que la Iglesia se presenta como una institución cerrada que defiende a sus miembros a capa y espada. No importa ser culpable o inocente cuando existe un alto grado de corporativismo como éste, el cual (dicho sea de paso) no es exclusivamente típico de este gremio, sino que se da con frecuencia en otros muchos campos profesionales.
Es por este motivo que tenemos que ir con pies de plomo para no caer en la trampa de creer que todos los buenos son muy buenos y todos los malos son muy malos. Y por supuesto, no todos los sacerdotes esconden bajo su sotana un oscuro secreto del pasado. En realidad, la pedofilia entre los sacerdotes es extremamente rara y afecta solamente al 0’3 % del clero.
Puesto que dos de los grandes peligros de la televisión actual son la simplificación argumental y la generalización, los espectadores debemos intentar verla con cierta distancia y con mucha cabeza. En primer lugar, porque los guionistas inciden conscientemente en determinados temas y dejan a un lado otros que podrían ser igualmente importantes (interpretan los hechos). Y en segundo lugar, porque en todo momento existen criterios y juicios de valor que conducen las tramas hacia desenlaces nunca fortuitos.
Es muy fácil provocar en los espectadores la duda; más aún si se trata de temas polémicos y que provocan indignación. También es muy sencillo enviar sutilmente mensajes negativos sobre ciertas personas o, en este caso en concreto, sobre ciertas instituciones. Siempre digo que no hay nada mejor en esta vida que los términos intermedios, pues ni antes la Iglesia era una santa ni ahora es la causa de todos los males.
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