Regresa inesperadamente una serie de cantera nacional: “Guante Blanco”. A pesar de que hace dos años su estreno auguraba una excelente acogida, los malos resultados de audiencia fueron determinantes para que la serie desapareciera en menos que canta un gallo. Tan sólo se habían emitido tres capítulos y TVE se rindió. Acción, humor, suspense, drama… “Guante blanco” era todo un popurrí que, concentrado, debería haber arrasado ante cualquier competencia, por más férrea que ésta fuera por entonces.
Los protagonistas (encarnados por los actores José Luis García-Pérez y Carlos Hipólito) son un ladrón profesional y un meticuloso policía. En definitiva, dos hombres no tan diferentes en realidad, pero situados a ambos lados de la ley. De alguna manera, la audiencia debía simpatizar con los dos personajes indistintamente y en todas sus facetas (tanto en la profesional como en la familiar). Esto, evidente, no sucedió. Sin embargo, ahora la cadena se arriesga por segunda vez y decide rescatar esta serie de los archivos ya olvidados.
¿Por qué suceden estas incoherencias?; ¿cómo es posible que un buen producto haya sido elogiado por diferentes medios de comunicación y, en cambio, no llame la atención de los espectadores?

Pues bien, hace unos pocos meses, TVE estrenaba una nueva Ley de Financiación y también una nueva normativa referente a la publicidad externa. Estos cambios han supuesto la constitución de un panorama televisivo muy diferente al que estábamos acostumbrados y al que la cadena ha tenido que adaptarse progresivamente.
Ahora hay más espacios que rellenar de contenidos pero, al mismo tiempo, menos dinero para comprar productos internacionales y producir los propios. Solución: desempolvar los archivos. De ahí que TVE emita de nuevo “Guante blanco” y anuncie, desde hace unos días, el estreno de “Los Tudor” (una serie que, ni siquiera, había tenido la oportunidad de salir a la parrilla española, sino que llevaba años cogiendo polvo en el almacén de los deshechos).
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Al hilo de esto (el regreso de una serie ya olvidada), me viene a la cabeza otra reflexión, de la que ya he hecho alguna que otra pincelada en artículos anteriores. Y es que también convendría preguntarnos por qué un producto de calidad no siempre triunfa de cara a la audiencia. A mi entender, la mayoría no siempre tiene la razón (o al menos no la razón que vale). Por eso, creo que en la televisión (y también en otros tantos aspectos de la vida) no deberíamos regirnos únicamente por esa etérea ley de la mayoría que está tan de moda. Éste no parece ser un criterio lo suficientemente fiable si lo que se quiere realmente es hacer una buena programación al gusto de todos. ¿Por qué no designar entonces a un pequeño grupo de expertos que equilibren la balanza?
Las decisiones de este colectivo deberían, por tanto, garantizar un mínimo de calidad en la pequeña pantalla. Si se entiende la posibilidad de crear un Comité de Sabios ad hoc en la Unión Europea para analizar de qué manera se pueden compaginar los derechos de los usuarios de Internet y los de propiedad intelectual, ¿por qué no en éste otro campo?
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Y ahora una curiosidad: un delito de guante blanco es una expresión coloquial que hace referencia a todos aquellos delitos que se cometen sin mancharse las manos (de ahí la referencia al color del guante). Estos se cometen sin intimidación, sin el uso de la fuerza bruta y sin armas de por medio. Para estos delincuentes, la sofisticación en la ejecución del golpe es un valor necesario e imprescindible; digamos que es su signo de identidad.
En la mayoría de las ocasiones, suelen ser delitos contra el patrimonio. De ahí que en la serie que nos ocupa se perpetren robos en museos de arte, hurtos de gran calibre a nivel económico, estafas millonarias, y falsificaciones de calidad. Si quieren saber más sobre los delitos de guante blanco, lean la siguiente noticia sobre un famoso robo que el año pasado tuvo lugar en el Museo Picasso de París.
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