Todo lo grande, talentoso, despampanante, brillante, arrollador y sugestivo es por sí mismo algo definitivamente atractivo.
Con toda esta enumeración de adjetivos podríamos describir a un pequeño grupo (o no tan pequeño) de estrellas del cine clásico. Olivia de Havilland, Joan Crawford, Eleanor Parker, Joan Fontaine, Jean Simmons, Anne Baxter y, entre éstas y otras muchas más, mi preferida: Bette Davis.
Su determinación, su notable inteligencia, su fuerte y exigentísimo carácter dentro y fuera de escena, su buen ojo a la hora de elegir proyectos cinematográficos, así como sus excelentes aptitudes interpretativas, le permitieron encarnar personajes que han pasado a la historia. Su mera presencia en una película era prácticamente una garantía de éxito.
De ella se han dicho muchas cosas y no siempre agradables. Por ejemplo, que era muy difícil trabajar con ella, que nunca soportó la mediocridad, la falta de ingenio o el mal estilo sobre un escenario, que siempre quería ofrecer todo lo mejor a su público, costase lo que costase y se pelease con quien se pelease… Digamos que le han llamado de todo en esta vida menos, eso sí, bonita. Y es que, obviamente, ni era una mujer hermosa, ni tampoco caía muy bien.
Pese a todo ello, lo cierto es que Bette Davis era profesionalmente perfecta; una figura carismática e inolvidable del que, para mí, es el mejor cine de todos los tiempos: aquél que abarca los años 40 y 50.
En Bette Davis había un rasgo físico que destacaba más que ninguna otra cosa: sus ojos saltones. ¿Eran a caso bonitos? En absoluto. Sin embargo, es innegable que su expresiva mirada atraía las cámaras, llenaba la gran pantalla y hablaba sin que sus labios tuvieran la obligación de decir ninguna palabra. Y ésa era precisamente su magia… El mundo de la música pop la homenajeó con una canción de gran éxito, Bette Davis’ Eyes, interpretada por Kim Carnes.
A principios de los años 60, Bette Davis se encontraba sin trabajo a la vista y, ante esta contrariedad, se le ocurrió una brillante idea que causó el impacto que ella supuestamente pretendía causar. Puso un anuncio en un diario de Hollywood solicitando empleo y, poco después de esta anécdota, la Davis fue contratada para trabajar en el excelente film “¿Qué fue de Baby Jane?”. Su papel en esta película le reportó una nominación al Óscar.
Su compañera de reparto fue la también célebre actriz Joan Crawford (su enemiga profesional y personal). Sin lugar a dudas, resultaba por entonces bastante curioso el paralelismo existente entre la ficción y la realidad pues, en la película, Jane Hudson (Bette Davis) maltrataba a su hermana Blanche (Joan Crawford).
Lo cierto es que el duelo de estas dos grandes divas con talento, orgullo y muchísimo ego podía llegar a ser algo de lo más impactante. Hasta tal punto era la tirria que sentían la una por la otra que, según dicen, en una escena donde Bette Davis patea a Joan Crawford y la tiene que arrastrar por el suelo, Joan se puso en peso muerto a propósito para que Davis batallara más de la cuenta.
Por otro lado, también Bette Davis llegó a decir en una entrevista (cuando le pidieron su opinión sobre su eterna rival) que nunca se sentaría en su excusado o que no le mearía encima ni aunque estuviera en llamas.
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Hasta no hace mucho pensaba que mi madre y yo éramos unas raras admiradoras de Bette Davis, pues solemos buscar cada dos por tres sus películas para comprarlas, verlas y posteriormente coleccionarlas. Pero no, según una empleada de El Corte Inglés, son muchas las personas que buscan con regularidad y esperan con ansia nuevos títulos de la actriz en DVD. Pese a que murió hace poco más de 20 años, se siguen reeditando sus trabajos, así como los de otras tantísimas estrellas de la época. ¿Por qué olvidar las cosas que realmente merecen la pena porque son antiguas?; ¿por qué no inculcar a las nuevas generaciones el gusto por el buen cine?
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Recordad que el amigo más duradero que podéis tener es el trabajo -dijo Bette en 1980-. Para mí ha sido el gran romance de mi vida. No hay duda a ese respecto. Es tu verdadero puntal. Tienes tus desengaños y tus altibajos, pero siempre está a mano cuando te falla todo lo demás.
Cuando vi mi primera película salí de la sala llorando a gritos.
Yo adoro los papeles de perra malvada.
Hay un pedazo de perra en cada mujer.
No creo que vuelva a casarme, a no ser que encuentre a un hombre que tenga quince millones de dólares, que esté dispuesto a darme la mitad antes de la boda y que me garantice que se morirá un año después de la boda.
El mejor momento que pasé con Joan Crawford fue cuando la empujé por las escaleras durante el rodaje de la película “¿Qué fue de Baby Jane?”.
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Comparto mi admiracion por esta gran actriz,mitica y extraordinariamente excepcional.