Una gran sorpresa. Al menos así lo ha sido para mí. Yo, que soy una incondicional del cine clásico, me sorprendió que una productora confiara en y apostara por una película tan transgresora como “The Artist”. Lo es, en mi opinión, no por dar un salto hacia delante precisamente, sino por darlo hacia atrás y, encima, cosechar un gran éxito.
“The Artist” es un film a la antigua usanza, tanto en la forma como en el fondo: mudo y carente de color. A priori, parecía algo inemitible en pleno siglo XXI. Es más, nadie hubiera imaginado que acabaría exponiéndose en el círculo comercial y, menos aún, optara a diez nominaciones a los Oscar de Hollywood. Sin embargo, muchos han sido los premios recibidos hasta la fecha, excelentes las críticas y grandes los aplausos del público.
Esta semana, sin ir más lejos, el Sindicato de Actores de Hollywood ha concedido uno de sus premios al actor protagonista, el francés Jean Dujardin. A parte de su notable talento (sobradamente demostrado en esta película), tengo que decir que tiene un porte muy de los años 20. De hecho, el amigo con el que fui al cine me dijo que tenía un estilo tipo Clark Gable y Fred Astere al mismo tiempo.

Definida por su director como una conjunción de citas, referencias y plagios, “The Artist” es una formidable comedia musical que entretiene y te transporta a los mágicos años 20.
El argumento, en realidad, no podría ser más osado y frágil. Ahora mismo se me ocurren unos cuantos títulos que cuentan una historia de decadencia artística. No obstante, el mérito de “The Artist” radica en su lenguaje directo y sencillo, así como en el aprovechamiento de todos los recursos expresivos recogidos del cine mudo estadounidense. Esos recursos que ahora nos resultan anecdóticos y muy curiosos, por entonces eran imprescindibles para entender las películas:
- Dado que el cine mudo no podía servirse de audio sincronizado con la imagen para presentar los diálogos, se añadían cuadros de texto para aclarar la situación a la audiencia o para mostrar conversaciones importantes.
- Las proyecciones normalmente no transcurrían en completo silencio: solían estar acompañadas por música en directo, habitualmente improvisada por un pianista u organista. Ya en los comienzos de la industria cinematográfica se reconocía a la música como parte esencial de cualquier película, pues ambientaba la acción que transcurría en la pantalla.A veces, si el estreno era importante, se contaba con la presencia de una orquesta (con esto hago referencia al inicio de “The artist”).
- El cine mudo requería un mayor énfasis en el lenguaje corporal y en la expresión facial, para que la audiencia pudiera comprender mejor lo que un actor estaba representando en la pantalla. Vistas retrospectivamente, algunas películas de la era muda pueden resultar extrañas, ya que puede dar la impresión que los actores sobreactúan de manera exagerada.

Ha llovido mucho desde que la “era muda” o el “período silente” dio paso a las “películas habladas”. El público se acostumbró pronto al cambio porque a lo bueno uno siempre se acostumbra muy bien. Sin embargo, los actores que entonces eran unas estrellas de la gran pantalla tuvieron que pasarlo muy mal, pues su profesión daba un giro de 180 grados y sus opciones se reducían a tres: o se retiraban con la cabeza bien alta, o se adaptaban a lo nuevo, o (como le sucede al protagonista de esta película) se hunde en un pozo sin fondo porque su orgullo no le permite ni aceptar lo primero ni lo segundo.

Y acabo el artículo con una reflexión que todos deberíamos tener presente: LA VIDA ES COMO UN TOBOGÁN; TAN PRONTO LO TIENES TODO, COMO TODO LO PIERDES. El problema más grande es cuando uno no sabe digerir el cambio y se queda estancado en un pasado que nunca volverá. De eso trata la película. Por tanto, si amas el cine clásico, si no te da miedo el silencio ni el blanco y negro y, si siempre sueles quedarte con el mensaje profundo de un film, ésta es tu película.


Sin duda, hay que verla y volver a lo clásico.