Esta vez voy a seguir la misma línea temática del artículo de la semana pasada. “Un ciudadano ejemplar” desarrolla su acción en un escenario común a otras muchas películas de características similares: una prisión. “La leyenda del indomable”, con Paul Newman; “Fuga de Alcatraz”, con Clint Eastwood; “La última fortaleza”, con Robert Redford; “Condenada”, con Sharon Stone; “Cadena perpetua” con Morgan Freeman y Tim Robbins; “Pena de muerte”, con Sean Penn y Susan Sarandon; “La milla verde”, con Tom Hanks; y “Celda 211″, con Luis Tosar. Todos estos títulos (así como otros muchos que no están en esta breve lista) son imprescindibles de ver. Cinéfilos o no, lo bueno es siempre bueno y todavía más si el reparto es excelente.
A grandes rasgos, identificamos dos clases de films carcelarios: unos tratan sobre criminales y los otros sobre prisioneros de guerra. En ambos casos, intriga, acción y drama constituyen un tríptico que a mí me resulta casi siempre muy interesante. Pese a ello, el thriller carcelario no se considera un género cinematográfico por sí mismo. ¿Es quizás un subgénero o ni siquiera eso?
Cine de animación, negro, de autor, cómico, dramático, de ciencia ficción, musical, de terror, histórico, de aventuras, etc. Pero ni rastro del género carcelario. La Real Academia de la Lengua entiende por género cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras artísticas, según rasgos comunes de forma y de contenido. Dicho esto, ¿no puede ser que también existan géneros definidos por su espacio? Eso es lo que precisamente sucede en el western y, en mi opinión, también en los thrillers carcelarios.
No son actuales. Son dos clásicos inolvidables que recomiendo encarecidamente. “¡Quiero vivir!” tiene una protagonista de lujo: Susan Hayward. Su interpretación merece grandes elogios por parte de la crítica y por parte de nosotros, los espectadores. Por otro lado, además de tener una puesta en escena terriblemente sugestiva, el drama y la tragedia son una constante a lo largo de toda la película.
Susan Hayward es Barbara Graham, una mujer abocada a la mala vida, que frecuenta bares inmundos y que ha sido condenada a muerte. Ni que decir cabe que su espléndido trabajo dio sus frutos, por lo que el esfuerzo le fue recompensado en forma de trofeo (el más importante de todos): el Oscar. También recibió un premio concedido por el Círculo de Críticos de cine de Nueva York, así como el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
“Sin remisión” está protagonizada por Eleanor Parken, otras de las grandes del cine clásico. Después de haber visto varias películas suyas (y sin olvidar que todavía me quedan muchas pendientes), creo que este papel ha sido el mejor de toda su carrera como actriz. Me sorprendió ella pero, más si cabe, el trasfondo de la película. Eleanor Parker encarna a Marie Ellen, una joven de tan sólo diecinueve años que ingresa en la prisión del Estado. Ha sido acusada de complicidad en un homicidio y, durante el reconocimiento médico al que son sometidas las nuevas reclusas, se entera de que está embarazada. La moraleja final no tiene ningún desperdicio.
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Llegados a este punto, solamente me queda confesar… no un asesinato ni nada parecido (¡¡Dios me libre!!), sino una afición que mi madre ha sabido trasmitirme. Por supuesto, se trata del cine pero, en especial, me refiero a este tipo de films a los que he dedicado el artículo de esta semana. Lo mismo me sucede con aquellos otros que tienen lugar en campos de concentración. No es que comparta estos métodos carcelarios tan horripilantes y crueles que sometieron a miles de inocentes en muchas partes del mundo… no (Dios me libre de nuevo). Sin embargo, creo que es importante ver este tipo de películas, puesto que suelen ahondar en hechos históricos muy crudos, los cuales pueden y deben impactar al espectador, de modo que éste nunca olvide lo que el ser humano es capaz de hacer por poder, por dinero y/o por enajenación mental. Locuras como las que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, jamás deberían repetirse.
Estas películas, además, necesitan de grandes actores que borden su papel. Suelen ser personajes complejos y llenos de matices, con dilemas morales y con serios temores. Son, de hecho, una gran oportunidad interpretativa para que los actores y las actrices deslumbren al espectador. Porque, si algo quiere un artista, es consagrarse gracias a un papel inolvidable y convertirse en un clásico de la gran pantalla.