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Año tras año, siempre me ha dado mucha pereza ver la gala en su totalidad. Primero porque se hacía interminable, segundo porque los premiados se enrollaban como persianas y, tercero, porque el presentador de turno resultaba ser un tostón o un gracioso con poca gracia (que casi es peor). Por supuesto que presentar unos premios de esta categoría y prestigio nacional inyecta una dosis extra de presión en el conductor de la gala. Objetivo principal: agradar al público presente en el Palacio de Congresos y hacer, de una noche cualquiera, una agradable velada a los millones de espectadores deseosos de ver la alfombra verde y a sus estrellas desfilando sobre ella.
Esta vez, TVE se ha superado. En primer lugar, considero que han dado en el clavo al elegir como conductor de los Goya a Andreu Buenafuente quien, días antes adelantaba que la gala estaría presidida por el “factor sorpresa”. El presentador aseguraba que seguiría el modelo de Billy Cristal y el resultado final no me decepcionó para nada. Al más puro estilo Buenafuente, este hombre consiguió atrapar al espectador con su ingenio. En parte debido al talento de sus guionistas y en parte a su gracia natural, Andreu (como supongo que le llamarán en su casa) irradiaba muy buen rollo.
Todos sabíamos de antemano que el duelo entre “Celda 211″ y “Ágora” iba a causar expectación (especialmente porque las dos cintas han demostrado ser de mucha calidad argumental y estética). Mientras que la primera obtuvo 8 de los 16 premios a los que optaba, la segunda consiguió 7 de los 13. “El baile de la victoria” y “El secreto de sus ojos” también aspiraban a sumar más de un Goya, pero estas películas no tuvieron tanta suerte. En esta ocasión, apenas han habido marcadas diferencias entre unos trabajos cinematográficos y otros, lo que significa que el nivel general ha sido mucho más que aceptable.

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