“TRUE BLOOD”
La serie “True Blood” destaca por su original argumento. La historia se desarrolla en un contexto novedoso y algo peculiar: los japoneses han creado una sangre artificial que tiene las mismas propiedades que la humana, motivo por el que los vampiros pueden abandonar el mundo de las sombras, socializarse con los mortales y vivir en paz. La mayoría de los vampiros desean iniciar una nueva etapa en favor de la paz y, por tanto, aceptan la sangre artificial sin demasiado revuelo. Pese a que durante siglos, se alimentaban sin límite ni control, algo en ellos (quizás un rastro minúsculo de alma humana) les anuncia que por fin ha llegado el momento de abandonar la cacería nocturna. Sin embargo, así como no todos los humanos son buenos, no todos los vampiros agachan la cabeza ante esta moción impuesta por sendas autoridades (la humana y la vampírica). De ahí que surjan la desconfianza, el recelo y, en consecuencia, la marginación social.

Un vampiro es, según el folclore de muchos países, una criatura siniestra que se alimenta de sangre humana para mantenerse activo. Según algunos autores, la figura del vampiro representa “los instintos o impulsos humanos ocultos más primitivos”. Esa “faceta instintiva animal”, es decir, el lado salvaje del hombre no atiende a normas sociales y religiosas. Los colmillos, la sangre, la estaca, la oscuridad frente a la luz del sol… son tan sólo florituras que adornan una mítica historia sobre nosotros mismos o, mejor dicho, sobre una parte de nosotros que de vez en cuando sale al descubierto.
Desde el siglo XIX el vampiro es un icono universal, el cual ha inspirado muchas novelas de ficción y también algunas crónicas periodísticas. En su connotación de leyenda urbana, son muchos los que han llegado a creer en la existencia de estos seres de la noche. Incluso algunos jóvenes, en su afán por destacar y con la intención de ir en contra de la corriente, no han dudado en simular ser vampiros bajo una apariencia terrorífica: piel blanca, ojos saltones, colmillos afilados y ropas oscuras.

Antes que la televisión, el Séptimo Arte ya encontró en los vampiros una buena fuente de inspiración. Además de las películas clásicas de terror, también se han creado algunas versiones peculiares que, más allá de innovar en argumentos, lo que hacen es parodiar la figura del vampiro que todos conocemos. El resultado es una larga lista de películas y un conjunto de grandes actores que han pasado a la historia de la cinematografía por encarnar con éxito a sedientos vampiros. Por ejemplo, Christopher Lee en “Dracula”, Kiefer Sutherland en “Jóvenes ocultos”, Tom Cruise, Brad Pitt y Antonio Banderas en “Entrevista con el vampiro”, Eddie Murphy en “Un vampiro suelto en Brooklyn” y Wesley Snipes en “Blade”.
El último lanzamiento cinematográfico en torno a los vampiros ha sido “Crepúsculo”, cuya segunda parte pronto se estrenará en nuestro país. Muchos adolescentes (lectores o no de las novelas que han inspirado las películas) esperan impacientes la continuación de una historia de amor imposible entre una adolescente y un joven vampiro.
Allá en los años 50 y 60 del siglo XX, las películas del oeste tenían un gancho espectacular y ahora, en cambio, la mayoría de los espectadores (principalmente la Generación 2000) disfruta con argumentos en los que el romanticismo, lo sobrenatural y la acción constituyen productos de impacto cinematográfico; impacto el cual viene determinado por los excelentes resultados en la taquilla.
Pese a los efectos especiales y pese a la excelente caracterización de los actores (sean estos vampiros, superhéroes o monstruos enamorados de grandes damas), el cine de calidad no suele potenciar el entretenimiento (muchas de las veces gratuito), sino que prioriza la interpretación, los diálogos y el mensaje de fondo. Sí, a mí me gustan las películas y las series de vampiros porque me entretienen, pero jamás se me ocurriría afirmar que son productos excepcionales. A éstos sé colocarlos en su merecido estatus, al igual que sé valorar aquellos otros que profundizan en temáticas de actualidad y que constan de interpretaciones de esas en las que uno se quitaría el sombrero si lo tuviera.
AH !! SE ME OLVIDABA UNA COSA
Pese a que “True Blood” me gusta bastante, he de decir que el horario de emisión es muy poco atractivo, especialmente si al día siguiente tienes que levantarte muy temprano para ir a trabajar. Si no pretenden espantar a la audiencia hacia Internet, CUATRO debería estudiar seriamente este asunto tan importante. Hay horarios que favorecen y hay otros que en absoluto propician el seguimiento de la audiencia.
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Quiero comentar esta última parte, porque me parece, que los que ponen los horarios, decapitan las series antes de empezar por sus horarios y es que creo que quieren decirnos lo que tenemos que ver, y no nos ponen a las horas normales lo que nos gusta ver.
Buena teoría Enrike. Pues si eso es lo que pretenden lo consiguen a medias porque, aunque no sigamos algunas series en televisión por el tema de los horarios, Internet se acaba convirtiendo en el soporte más recurrente, eficaz e inmediato. Ellos se lo pierden.
La verdad es que internet es un medio demasiado bueno para competir con la televisión y por ello, la tele no pone mucho esfuerzo en las series extranjeras, pero hay un buen ejemplo de algo bien hecho que es FLASH FORWARD, sólo 11 días de diferencia con EEUU y solo 1 dia de diferencia con AXN, canal de pago, y encima a un buen horario y sin excesivos intermedios, y la pregunta es: ¿cual ha sido el resultado? Si no el mejor, uno de los mejores estrenos de una serie americana en españa, una media de más de 3 millones de espectadores y un share muy alto comparado con lo que hoy en dia se ve. Con que programa cuatro ha conseguido esos datos quitando el futbol o deportes de gran audiencia. Ahi queda la cosa
Cierto. Yo sigo Flashforwar por su originalidad, por su horario de emisión y porque, además, no tiene tampoco una gran competencia los martes por la noche. Eso sí, siempre me quedo con ganas de más. Deberían poner dos capítulos porque uno sabe a muy poco. Aunque como después va Perdidos, eso lo compensa. Lo que pasa es que yo voy retrasada y estoy acabando de ver la tercera temporada en Internet. Así que, en cuanto acaba Flashforward, aprieto el OFF y me voy a leer a la cama (jeje).