“NINE”: LOS MUSICALES TRIUNFAN (Segunda parte)
Viernes, Febrero 5, 2010“Moulin Rouge” (2001), “Chicago” (2002) y “El Fantasma de la Ópera” (2004) revitalizaron un género que llevaba muchos años en crisis: el musical. En los años 70 y 80, ningún gran estudio cinematográfico se arriesgaba con algo así, ya que las últimas intentonas en el cine fracasaron. En cambio, las recientes experiencias han demostrado una verdad como un templo: que después de la tormenta siempre viene la calma.
El trabajo de un actor se triplica cuando participa en un musical, pues este género tan peculiar implica la combinación de música, canciones, diálogos y bailes. El artista está obligado a desarrollar por igual estas diversas facetas. De ahí que la selección del reparto sea determinante para conseguir un buen resultado y la plena satisfacción del público.
No obstante, no es lo mismo ver un musical en el cine que en el teatro. Existen marcadas diferencias, ya que la calidad interpretativa, musical y artística es mucho más notable cuando el musical se representa en un escenario, en vez de visionarse a través de una gran pantalla. El público sabe valorar el directo porque, aun no habiendo experimentado nunca la sensación de estar actuando sobre un escenario, todos entendemos que enfrentarse a un patio de butacas lleno de gente anónima que está mirando tus movimientos y tus gestos tiene mucho mérito. En cada representación (habitualmente dos o tres al día), el trabajo del actor es juzgado por cientos de personas.
