En las últimas dos semanas se han estrenado unas cuantas miniseries españolas, entre las cuales quisiera comentar dos. El lunes pasado pudimos ver la segunda y última parte de ”Alta Traición”, un especial de “Amar en tiempos revueltos” que no ha obtenido el mismo éxito que los especiales anteriores. Si bien “Flores para Belle” y “¿Quién mató a Hipólito Roldán?” sorprendieron a los espectadores que habitualmente siguen la telenovela de TVE1, esta nueva intentona ha caído en desgracia.
El argumento carecía de interés por dos motivos. En primer lugar, por presentar un argumento muy poco original, ñoño y extremadamente previsible. Y en segundo lugar, porque la interpretación de la actriz principal (Ana Otero) resultaba algo forzada y muy poco creíble. El único que salvaba mínimamente la miniserie (quizás mucho más por su atractivo que por su actuación resultante) fue otro de nuestros actores más conocidos: Ginés García Millán.

Ana Otero es Paloma en "Alta traición"
La miniserie “Adolfo Suárez, el presidente” prometía ser un bombazo. Posiblemente muchos opinen que así fue, pero como soy yo la que está escribiendo este artículo, permítanme mostrarme algo desanimada. Este film biográfico (también protagonizado por Ginés García Millán en el papel de Adolfo Suárez) me pareció anodino e insustancial. No cabe duda de que su trayectoria política, así como también su vida privada, bien se merecían una película de larga duración que retratase una época tan determinante para España. No podemos ni debemos olvidar que la transición hacia la democracia fue posible gracias a este político de marcada personalidad e importantes aspiraciones.
Pese a que su faceta profesional resultaba algo fascinante, la personal me dejó un poco descorazonada. ¿Por qué exactamente? Pues porque la miniserie describe a un hombre ambicioso y lleno de grandes inquietudes políticas que arrastra desde su más tierna juventud. A medida que la historia transcurría, percibía en el personaje una serie de actitudes ambiguas y un poco desconcertantes. Mi impresión fue que se trataba de una persona que, debido a las circunstancias en las que se hallaba España, iba arrimándose al sol que más calentaba. Así fue hasta que consiguió su propósito: la presidencia.
Ahora bien, no confundamos churras con merinas, pues una persona sin ambición y sin una personalidad carismática y cautivadora no puede instaurar un sistema democrático en un país que, desde la devastadora Guerra Civil, había vivido en una dictadura.

La persona y el personaje
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