ANÁLISIS DE UNA MALA COSTUMBRE
“Cualquier persona puede llegar a mentir hasta tres veces en diez minutos de conversación”. Ésta es la idea de la que parte la nueva serie de Antena3: “Miénteme”. Ignoro si esta afirmación tiene una base empírico-científica o tan sólo es un dato aproximado que describe una realidad: que la gente miente con bastante ligereza o, por lo menos, sí disfraza las cosas según las circunstancias y el interés personal. Si atendemos a la teoría que afirma que el ser humano es mentiroso por naturaleza, podemos llegar a una desoladora conclusión: cara al exterior (en el trabajo, en la calle, en el pub, en el autobús, etc.) somos un producto derivado de nosotros mismos. Una vez cruzamos los umbrales de la intimidad, el hogar y la familia, dejamos aflorar nuestra verdadera apariencia, es decir, la esencia que nos describe. Conclusión número uno: vivimos en una sociedad mentirosa donde todos, sin excepción, nos movemos con sumo tacto.

La nueva serie de Antena 3
Con mucho interés, me dispuse a seguir la serie la semana pasada. El tema es bastante original porque el espectador aprende, muy por encima, cuáles son las claves para desenmascarar a una persona que miente. Los gestos, las muecas y los tics delatan a un mentiroso (en este caso a un criminal que, evidentemente, jamás confesará su crimen). Sin embargo, a medida que transcurría el primer capítulo, mi atención se volcaba cada vez más en la revista que tenía en las manos. Es una costumbre la mía la de leer al mismo tiempo que veo la televisión pero, si el programa me interesa lo suficiente, tan sólo leo en los descansos. Éste no fue el caso. Me encontré de nuevo con el típico protagonista (raro, serio, antipático, muy inteligente y sabelotodo). También había el consabido grupo de expertos que lo acompaña, así como una serie de casos peculiares, los cuales se resuelven al final con una admirable perfección y maestría.

Al margen de cualquier teoría al respecto, voy a citar a continuación una clasificación de las mentiras según mi parecer. Puesto que no consta de un carácter científico, os animo a ampliarla.
Existen las pequeñas mentiras (algunas de ellas piadosas), a las cuales todos estamos sujetos. Forman parte de nuestra vida e, incluso, las necesitamos como agua de mayo. Éstas se dicen sin mayor trascendencia pero, en el fondo, atienden siempre a un objetivo. Constantemente buscamos un beneficio, bien porque queremos ocultar algo, bien porque anhelamos aquello que la verdad no puede facilitarnos inmediatamente.
También existen las mentiras enfermizas, es decir, las que se dicen sin querer. Los mentirosos compulsivos no atienden a objetivos claramente definidos, sino más bien inconscientes. La película de Jim Carrey que antes he citado trata, precisamente, sobre un hombre triunfador que, pese a tenerlo todo en la vida, la mentira se ha convertido en su herramienta de trabajo. No es un mentiroso compulsivo cuando dice falsedades conscientemente en beneficio propio. En realidad, se convierte en esta clase de mentiroso a partir del momento en que no puede controlar sus mentiras. En la ficción se debe a un hechizo y en la vida real a un cruce de cables, es decir, a un problema psicológico. En tal caso, el impulso es espontaneo y no obedece a un estímulo concreto (acción-reacción).
Finalmente, encontramos las mentiras políticas. La mayoría de los políticos mienten con frecuencia por dos motivos: el poder y el dinero. Vean los informativos diarios y comprobarán que estas dos motivaciones son el común denominador en la clase política. Creo sinceramente que muy pocos se meten en ese mundillo porque quieran arreglar el mundo y, los que sí lo desean al principio, al final siempre acaban cegados por el poder que ejercen desde arriba y, por tanto, se olvidan de lo que es estar abajo. De ahí proceden, al fin y al cabo, la corrupción y la manipulación a gran escala. Conclusión número dos: las mentiras políticas no son piadosas, evidentemente tampoco son históricas y, mucho menos, se pueden considerar enfermizas o compulsivas. Para mí, son una clase a parte.
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De nuevo, un artículo original con el que he llegado a reir… muy entretenido, y como en otras ocasiones, ha despertado mis ganas de ver la serie.