Hoy quisiera hablar del papel de las mujeres en la ciencia. Durante mucho tiempo, nos hemos visto relegadas a un segundo plano o, mejor dicho, a un plano inexistente. Bien fuera por prejuicios, bien por un intrínseco complejo de superioridad por parte de los hombres, la cuestión es que la voz de la mujer ha sido ignorada radicalmente y sin justificación racional durante muchos siglos.
La discriminación por razón de sexo es histórica y más aún en ámbitos dominados tradicionalmente por los hombres: en la ciencia, el arte, la literatura, etc. Ahora, aunque es cierto que las cosas están cambiando, las mujeres lo seguimos teniendo mucho más difícil que ellos para hacernos valer. Para que nuestra labor sea reconocida, hay que superar todavía muchos obstáculos que nos impiden desarrollar nuestras aptitudes en igualdad de condiciones.
Puesto que toda andadura tiene personas que la arrancaron y personas que le dieron continuidad en el tiempo, quisiera hacer hincapié en una que marcó un antes y un después en las ciencias y, muy especialmente, a nivel social. Su ejemplo hizo que muchas mujeres de su generación y, sobre todo, de generaciones posteriores confiasen plenamente en sus posibilidades y se hicieran notar en un mundo de hombres. Esa mujer se llamaba Madame Curie.
¿Por qué la destaco a ella y no a otra? Sencillamente porque la otra noche vi con mucho gusto una excelente película biográfica de 1943 sobre ella. Al frente del reparto, no podía haber sino una soberbia intérprete de la época: Greer Garson, quien ganó el Oscar a la mejor actriz por su papel protagonista.
El film desarrolla muy fielmente la vida de esta conocidísima científica polaca. En primer lugar, su casamiento con Pierre Curie, el trabajo que realizaron juntos sobre el fenómeno de la radioactividad, y el descubrimiento de los dos elementos clave que producen esa radiación: el polonio y el radio (siendo éste último un total desconocido hasta ese momento). Y en segundo lugar, el Premio Nobel de Física que ganó el matrimonio en consecuencia, la muerte de su marido en un trágico accidente y, finalmente, el momento más cumbre de su carrera: el Premio Nobel de Química en 1911.

Escena de la película de Gree Garson
Dicho esto, tan sólo cabe señalar de nuevo que la dura vida de Madame Curie no sólo supuso mucho para la ciencia, sino también y muy especialmente a nivel social. Todos, de una manera u otra, deseamos pasar por este mundo y dejar impresa nuestra huella; hacer algo grande para que nuestras vivencias no queden en saco roto. Por supuesto, cada uno en su ámbito y según sus posibilidades, pues no todos podemos ser una Madame Curie, pero sí destacar en aquello que mejor sabemos hacer. Pues bien, ella lo consiguió y con creces, ya que fue la primera mujer en desempeñar una Cátedra universitaria y en obtener un Premio Nobel. Para ello, nada mejor que unos ingredientes de postín: dedicación, entrega, sacrificio, interés por el saber… y mucha suerte. Ni siquiera la escasa disponibilidad de medios económicos tiene que ser un handicap si prevalece todo lo anterior.
Tras el THE END, extraje un lema que puede servir de conclusión para este artículo:
Etiquetas: 

Tendré que verla. Una gran mujer que supone un modelo para el resto.
Sin duda. A mí me gustó mucho. Además, no sabía muy bien su historia. Tan sólo que ganó el Nobel. Por eso, la película retrata muy bien su vida.