Los Ozores, los Larrañaga Merlo, los Aragón, los Bardem, los Gutiérrez Caba, los Guillén Cuervo… Se trata de familias muy conocidas en España porque varios de sus miembros forman parte del mundo del espectáculo. Las cámaras y las tablas son sus herramientas de trabajo, mientras que los espectadores somos sus más fieles admiradores y también, siempre y en todo momento, sus mayores (que no necesariamente mejores) críticos. De hecho, pese a que a veces somos demasiado condescendientes con algunos de nuestros artistas nacionales, en la mayoría de las ocasiones nos mostramos muy severos. De nosotros depende que continúen su carrera o que renuncien a ella.
Una encuesta realizada por la empresa Adecco afirma que el 93% de los niños españoles no quiere seguir los mismos pasos profesionales de sus padres. Con la edad, lo que buscan en realidad es destacar en otras ramas para diferenciarse de sus progenitores y demostrar que saben tomar sus propias decisiones. Este comportamiento es bastante común. Tanto es así que muchas discusiones familiares suelen producirse a raíz de lo que uno desea para sus hijos y lo que éstos quieren hacer pese a la oposición de sus padres.
Sin embargo, y ahí el quid de la cuestión, este porcentaje debe ser mucho menor en lo que al mundo del espectáculo y la comunicación se refiere. En estos casos, algunos hijos quieren parecerse a sus padres, en parte porque desean alcanzar el estatus y el reconocimiento público que ellos han tenido. Al principio no hay trabas, sino más bien facilidades. El problema es que el talento no siempre se transmite de generación en generación. En esto no hay una regla matemática y, por eso mismo, algunos hijos de actores y periodistas se dan cuenta de que no sirven para el mismo oficio que sus padres, por lo que deciden dedicarse a otra cosa. Otros que tampoco valen para eso, por el contrario, se lanzan a la piscina sin saber siquiera si hay suficiente agua en ella, sin calibrar la distancia en el salto ni tampoco las consecuencias del impacto.


Las cosas no siempre salen como uno espera. Que unos sean buenos en su trabajo no quiere decir que el resto de sus familiares directos lo sean en la misma medida. Lo cortés no quita lo valiente. Pero bueno, ahora hablemos mejor de esas otras familias que sí albergan miembros con talento artístico, aquellas en las que la sangre sí ha determinado el futuro profesional de los hijos e incluso de los nietos.
Todos ellos comparten hogar y también profesión, lo cual conlleva un mayor grado de comprensión los unos con los otros. Entienden a fuerza de experiencia directa que, además de ser todo muy bonito, el hecho de ser famoso (que no famosillo) también es algo muy sufrido. Al principio del artículo ya nombraba algunos apellidos muy conocidos en nuestro panorama nacional. En ellos queda demostrado que el gusto por la interpretación viene a veces de muy lejos. No hay más que ver, por ejemplo, a los Gutiérrez Caba (cuya saga de actores se inició en 1850) o a los Bardem (cuyo primer miembro de la saga fue el actor Javier Bardem a principios del siglo XX).
También destacan, entre otros, los hermanos Antonio y José Luis Ozores, quienes son a su vez padres de Emma y Adriana Ozores, respectivamente. Eso sin contar que Emma es, por parte de madre, sobrina de Emma Penella (Concha en “Aquí no hay quien viva”). Sirva esta breve mención como homenaje al recientemente fallecido Antonio Ozores, quien deja un inolvidable legado cinematográfico a sus espaldas. Siempre lo recordaremos por sus típicas comedias y, sobre todo, por su peculiar y atropellada forma de hablar. Quizás sea una perorata (pero nunca está de más) recalcar que este cómico en su vida normal no se expresaba de esa manera. Digamos que ése era su papel estrella, es decir, aquél que supo explotar hasta el final, como también lo han hecho otros muchos actores con los suyos propios (Arturo Fernández, Lina Morgan, Carlos Larrañaga, etc.).

Pues bien, lo que quiero expresar con este artículo se resume en una sencilla conclusión; y es que siempre se ha dicho que, cuando uno está empezando, la ayuda de un padrino viene de maravilla. En todas partes existen enchufes y en el mundo de la interpretación y el periodismo también. El apellido puede a uno abrirle las puertas de manera mucho más rápida y sencilla pero, después, éstas pueden cerrarse de golpe y porrazo. Estos hijos de (valgan o no para la profesión que ejercen sus padres) tienen algo que muchos buscamos y que nos cuesta tanto encontrar: LA OPORTUNIDAD. Y para aprovechar solamente una de esas que la vida nos brinda de improviso, resulta imprescindible que alguien confíe en nosotros. Y yo me pregunto: en estos tiempos, ¿quién confía en alguien que apenas conoce y que podría poner en jaque el proyecto que se quiere llevar a cabo? Puede ser una empresa, una película, una obra de teatro, un programa de televisión… Lo mismo da porque, además del Curriculum Vitae, es necesario tener un padrino. No nos sintamos entonces mal por meter la cabeza gracias a una mano amiga. Nuestra permanencia en la empresa, a la larga, solamente depende de uno mismo.
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Apoyo tu gran esfuerzo al escribir este tipo de artículos. Pero siento ser crítico contigo.
El artículo está vacío de contenido y de opinión .Carece de un esquema definido y no posee una buena estructuración. Realmente no se sabe la finalidad por la cual lo escribes, salvo una pequeña conclusión al final de este.
Es repetitivo, abusas de las frases explicativas y la presencia de recursos literarios brilla por su ausencia.
Buenas, Perseo. No le voy a tutear porque no le conozco ni tampoco sé la edad que tiene. No voy a darle las gracias por la crítica que me ha hecho porque creo que es desproporcionada. En mis entradas procuro publicar artículos que profundicen algo en los temas que quiero tratar cada semana.
No creo, en absoluto, que escriba tan mal ni tampoco creo que mis artículos no tengan una estructura correcta. Más bien es todo lo contrario, pues este texto en concreto sí consta de una estructura tripartita: el primer párrafo corresponde a la introducción, el desarrollo lo forman los cinco párrafos sucesivos, y la conclusión está claramente marcada por un conector de carácter conclusivo (“Pues bien”).
En lo que respecta al contenido y al grado de opinión que usted ha echado en falta, debo decirle que existe la llamada OPINIÓN NEUTRA. El escritor no tiene porqué decantarse por una cosa o por la otra. Puede limitarse a exponer y argumentar para que sea el propio lector quien forme su propia opinión al respecto.
Por otra parte, le recuerdo que estamos hablando de un texto del ámbito periodístico que es expositivo-argumentativo y no literario, por lo que los recursos literarios a los que usted hace referencia no son estrictamente necesarios. Ni la página en sí, ni tampoco la temática de la misma exigen un alto nivel lingüístico. Para eso, existen otro tipo de webs que sí cuidan este aspecto que, por supuesto, es estéticamente muy bonito cuando el soporte realmente lo pide.
Así pues (entiéndase esto como la conclusión de mi respuesta), usted puede perfectamente criticar como lector los temas que aquí se tratan y las opiniones que se vierten porque, en realidad, para eso mismo están los blogs. Si, por el contrario, usted busca metáforas, metonimias y, en definitiva, grandes recursos literarios…. creo que se ha equivocado de sitio. Ésta es una página sobre cine y televisión y yo, como colaboradora, intento en la medida de lo posible aportar mi granito de arena.
De todas maneras, gracias por leerme de cabo a rabo pues, si pecan de algo mis artículos aquí publicados, es de ser muy extensos.
LAURA BELENGUER
Muy bien la respuesta a este exigente lector.