LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y EL NAZISMO COMO FUENTES DE INSPIRACIÓN

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y EL NAZISMO COMO FUENTES DE INSPIRACIÓN

EL INTERNADO

“El Internado” ha cerrado sus puertas por un tiempo y, tal y como nos tienen acostumbrados, nos han dejado con la miel en la boca, expectantes y excitados ante los nuevos descubrimientos y los inesperados misterios de última hora. De esta manera, la serie se asegura una sexta temporada quizás más inquietante que la anterior y, muy posiblemente, resolutiva. Tras descubrir que los nazis estaban detrás de los experimentos y asesinatos perpetrados en el internado, ahora solamente queda que nos conduzcan por fin al esperadísimo final que se intuye trágico o, de no ser así, sí parcialmente dramático. Sinceramente, no creo que continúen explotando por más tiempo el éxito de esta ficción porque, como ya he dicho en más de una ocasión en este blog, más vale poner un punto y final a su debido tiempo que uno atropellado y sin fundamento. No me cansaré de repetir esta importante consigna que, aunque es obvia, no siempre se sigue. Cuando se sobreexplota un producto televisivo de características tan atractivas como la intriga y el misterio, es posible desencadenar un irremediable hartazgo por parte del público.

Es incuestionable que Antena 3 se ha puesto las botas con “El Internado”, pues se ha convertido en una mina de oro que nos ha hecho pasar buenos ratos a los espectadores y que, además, ha reportado muchos beneficios a la cadena emisora. Hace tiempo que Antena 3 no cosechaba un éxito como éste. De hecho, el último capítulo de la quinta temporada arrasó el martes pasado. Las borderías de Risto Mejides en “Operación Triunfo” y las discusiones en directo entre el publicista y el presentador del programa no pudieron con este desenlace temporal.


A estas alturas de la serie, el gran secreto de “El Internado” ya tiene un nombre: Géminis, una extraña organización clandestina que durante años experimentó con niños huérfanos y superdotados con el objetivo de crear una raza superior a las demás. Dicha organización estaba formada por un grupo de nazis exiliados tras la Segunda Guerra Mundial y, bajo este contexto, el Internado de la Laguna Negra se convirtió en la tapadera perfecta para llevar a cabo sus maléficos planes de dominio. Todo esto, claro está, sin causar ninguna sospecha. Ya mayores y en pleno siglo XXI, estos hombres despiadados siguen en acción y no cesan en perseguir este supuesto ideal bajo el yugo de una ideología que debería haber acabado ya en el baúl de los malos recuerdos: el nacionalsocialismo.

Nos encontramos, sin lugar a dudas, ante un argumento recurrente que crea expectación. A pesar del toque ficticio que caracteriza a la serie, lo cierto es que también refleja una cruda realidad histórica. Veáse, por ejemplo, lo que sucedió en 1997. El diario El País encontraba, en el Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores, un informe de 1945 de los servicios secretos aliados que contenía una lista de repatriación con los nombres de 104 oficiales nazis que vivían ocultos en España. Decenas de estos refugiados nazis poblaron la geografía española, especialmente lugares como la Costa del Sol, la Costa Blanca o las Islas Baleares. Todos ellos disfrutaron de su exilio, el cual fue auspiciado en muchas ocasiones por el propio gobierno franquista.

El tema de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo se ha utilizado muchas veces en el cine porque nunca jamás un suceso como éste y una ideología como la que había detrás habían llamado tanto la atención de los espectadores. Después de más de medio siglo, este tipo de películas se han ido multiplicando y han concentrado gran parte de la producción cinematográfica mundial: desde las películas más clásicas como “El gran dictador” (1940), “Enviado especial” (1940), “Ser o no ser” (1942), “La caída de los dioses” (1949) y “La lista de Schindler” (1993), hasta las últimas producciones de éxito como “La vida es bella” (1998), “El pianista” (2001), “El hundimiento” (2004), “Los falsificadores” (2006), “La ola” (2008), “La Resistencia” (2008), “Valkiria” (2008) y “El lector” (2008).

En unos pocos años más, los acontecimientos históricos retratados en estos films se verán como algo muy lejano, tal y como ahora nos lo parece la Revolución Francesa o, incluso, la Primera Guerra Mundial. Será entonces cuando las nuevas generaciones podrán documentarse a través de libros, Internet y películas como las citadas en el párrafo anterior. Sin embargo, les faltará la fuente más importante: la experiencia en viva voz de las miles de personas que padecieron aquellos años de incertidumbre y que, sin duda, hicieron temblar los cimientos de las sociedades más prósperas.

Las catástrofes naturales, así como las provocadas (en concreto las guerras), continúan produciéndose sin tregua. La historia sigue su curso y nadie puede detenerla. Por eso mismo, además de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, ahora se suman otras que ya comienzan a ahondar, por ejemplo, en la Guerra de Afganistán, la Guerra de Irak, y el atentado terrorista contra las famosas y muy emblemáticas Torres Gemelas en los Estados Unidos.

Estas nuevas guerras, de alguna manera, han servido también de inspiración a los cineastas del siglo XXI y a los productores de nuevas series de televisión. Aún así, no suelo fiarme demasiado de las películas que tratan sobre acontecimientos muy próximos en el tiempo porque sus argumentos suelen estar cogidos con alfileres y centrados en una visión particular de los hechos.

El paso del tiempo permite que las cosas difíciles de entender por su crueldad o por su delicadeza se vean, finalmente, de manera mucho más diáfana y bajo una perspectiva mucho más amplia.

Estoy convencida de una cosa: conforme el caos de las actuales guerras y las consecuencias del terrorismo den paso a la calma (que no necesariamente la paz), las películas que se produzcan a partir de ese momento serán bastante más fiables que ahora desde un punto de vista histórico y documental.

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