NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE
Los abanderados de Hollywood son actores de profesión pero, antes que eso, son personas. Los queremos y los admiramos por lo que hacen: interpretar. Valoramos el esfuerzo que realizan cara al público, la elección de sus trabajos en el cine y la calidad de sus interpretaciones. Pero en el fondo, el motivo por el que provocan clamor entre sus fans es mucho más simple que todo eso: son famosos, ricos, salen en la gran pantalla y en la televisión, copan miles de portadas en las revistas de más prestigio en el mundillo de la farándula cinematográfica y, en el mejor de los casos, hacen levantar al público de sus asientos en el teatro.
Algunos son muy guapos y otros no lo son tanto. Pero, al fin y al cabo, pocos pueden quejarse de su éxito. Son famosos y muy admirados. ¿A caso esto no debería ser suficiente? Pues a la vista está que no. El éxito profesional es muy importante, pero nada de esto basta cuando la dicha personal es todo un fracaso. Parecen tenerlo todo en la vida y, sin embargo, sus vidas privadas y familiares dejan mucho que desear. Si bien lo pensamos… qué menos, ¿no? Sólo faltaría que los famosos y adinerados actores de éxito internacional tuvieran el cien por cien de la buena suerte a su lado. Está claro que es imposible tenerlo todo y, mucho menos, conservarlo por largo tiempo. Lo que nos da Dios por un lado, nos lo quita por otro. Así es la vida real: nada que ver con la ficción. Si no se lo creen, sigan leyendo.
DIVORCIOS DE PELÍCULA
Sólo hace falta ojear cualquier revista del corazón o prensa social para comprobar que pocos actores están felizmente casados. Sus matrimonios suelen ser efímeros y sus divorcios conflictivos. Uno de los casos más recientes es el de Morgan Freeman, quien comenzaba un proceso de divorcio justo después de sufrir un accidente. El motivo: viajaba acompañado de una mujer que, por lo que se puede suponer dadas las consecuencias, no era su esposa.
El acuerdo de divorcio estipulaba que Morgan Freeman tenía que entregarle a su ex mujer unos 400 millones de dólares. La ley obliga a que la esposa se quede con la mitad de la fortuna del marido, lo que significa que el actor debe tener en su haber otros 400 millones. Pero aquí no acaba la cosa, pues también se repartieron los bienes inmuebles: una casa de 7 millones de dólares en las Islas Vírgenes en el Reino Unido, una casa en Los Ángeles y un apartamento en frente del famoso Central Park de Nueva York, entre otras propiedades de menor valor.
Otro de los puntos escabrosos de esta separación es que la ex mujer no tiene ninguna intención de pasar desapercibida de cara al público. En un comunicado indicó que pronto publicará un libro contando los alcances de todos los amoríos de Freeman. Vamos, que por lo que parece el actor es todo una joyita.

CUANDO LA REALIDAD SUPERA CON CRECES A LA FICCIÓN
Jane Fonda, hija del famoso actor Henry Fonda, sentía que su padre no le daba el afecto que necesitaba. La relación fue siempre muy conflictiva, a lo que se le añadiría después un trágico suceso: el suicidio de su madre. El padre de Jane, en vez de contarles a ella y a su hermano la verdad, decidió mentirles y les dijo que su madre había fallecido de un ataque al corazón.
Esta mentira terminó de destruir a los hermanos Fonda. Más tarde, al enterarse de la verdad a través de las revistas, su hermano Peter intentó suicidarse de un tiro en el vientre y Jane comenzó a enfermar de bulimia con dependencia compulsiva. Su vida dependía de diuréticos y anfetaminas para no comer y no engordar. Fue presa de esta enfermedad por más de veinte años.

Otro ejemplo a destacar es el de Romy Schneider, aquella jovencísima actriz que alcanzó la fama por su papel de la emperatriz Elizabeth de Austria, más conocida como Sissi. A partir de ese instante, todo parecía ser tal cual un cuento de hadas trasladado a la vida real. Entre otras cosas, recibió de manos de Walt Disney el premio a “La muchacha más bonita del mundo”.
Pese a todo ello, Romy Schneider encadenó toda una serie de matrimonios frustrados y, poco a poco, comenzó a deteriorarse su salud: se quebró un pie, la operaron de urgencia del riñón y, seguidamente, le detectaron un principio de cáncer. ¿Las cosas podían ir a peor? Pues parece ser que sí, pues no se dice en vano aquello de que las desgracias nunca vienen solas. Todavía le faltaba sufrir el mazazo final y el más doloroso de todos: su hijo David, de tan sólo catorce años, quiso trepar las rejas de su casa, resbaló y quedó atravesado por una de ellas.
Una noche de 1982, después de una velada fuera de casa, Romy no quiso acostarse enseguida. Tenía algunas cartas que escribir. A la mañana siguiente, su actual marido la encontró sentada sobre el sillón y en la misma posición que la noche anterior. El dolor de la pérdida de su hijo la llevó a sobrevivir tan sólo diez meses más. Sobre la mesa había una carta apenas comenzada y algunas escrituras sobre las actividades que tenía que realizar durante el día. Su vida se fue apagando lentamente, la tristeza fue consumiéndola muy paulatinamente, apenas comía y sólo escribía cartas a los amigos, en las que hablaba de su hijo como si éste estuviera vivo.
Resulta incomprensible cómo las circunstancias personales pueden hacer que mujeres guapas y actrices de éxito (como Jane Fonda y Romy Schneider) sean personas tan desgraciadas en la vida real. Una pena…
EL TRISTE FINAL DE LOS NIÑOS PRODIGIO EN EL CINE

Muere el actor americano Brad Renfro. El motivo: las drogas y el alcohol. Así sin más, el titular puede no decirles nada. Seguro que a muchos no les suena ese nombre, ya que su carrera cinematográfica fue (aunque intensa) muy fugaz. Protagonizó las películas “El cliente”, “Verano de corrupción” y “The Jacket”.
Otro ejemplo es el de Jonathan Brandis, ídolo de jovencitas en los años 90 tras protagonizar la segunda parte de “La Historia Interminable”. Era joven, rubio y guapo; pero los años no pasan en balde. Creció y dejó de salir en los medios. Pese a que hizo algunos papeles secundarios, la depresión que llevaba arrastrando desde hacía tiempo pudo finalmente con él. Un día, después de una noche de marcha, se colgó del cuello en su apartamento con sólo 27 años.

Lo peor de todo es que, por más admirados que fueran en sus años mozos, sus repentinas muertes solamente merecieron algunas tristes reseñas en unos pocos periódicos (a veces, incluso, a los meses de producirse estos fallecimientos). Pero por desgracia, estos dos casos no son excepcionales. Lo son, en cambio, aquellos otros que se hacen mayores y siguen en el candelero o los que, pese a decaer en sus carreras, consiguen coger de nuevo impulso y salir del hoyo.
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Tienes toda la razón Laura; hay historias terribles en el mundo del cine: Natalie Wood, Ava Gardner, Judy Garland… desgraciadamente, no es oro todo lo que reluce.