“LA OLA”

“LA OLA”

El mundo evoluciona a su ritmo y nosotros vamos un paso por detrás manejando sus hilos… A punto de iniciar la segunda década del siglo XXI, es evidente que nos encontramos inmersos en un mundo muy distinto al del siglo pasado. Ni mejor ni peor: simplemente diferente. Con sus pros y sus contras… pero nuevo.

Nada más comenzar este nuevo siglo, los medios de comunicación comenzaron a hablar incesantemente de un fenómeno muy singular que cambiaría por completo la manera de ver el mundo: la globalización; un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo. En medio de este panorama predomina actualmente el capitalismo democrático o la democracia liberal.

Dicho esto, ¿creéis que es imposible que una autocracia triunfe de nuevo en un mundo globalizado como éste?; ¿es imposible que otra dictadura vuelva a implantarse, por ejemplo, en Alemania?

Con esta pregunta en el aire comenzaba un experimento que, en 1967, el profesor de instituto Rainer Wenger puso en práctica para que sus alumnos pudieran entender el funcionamiento de los gobiernos totalitarios, en los que la voluntad de una sola persona es la suprema ley de un Estado.

Lo mismo que se dice que la letra con sangre entra, el profesor Wenger debió pensar que la lección con la práctica muchísimo mejor. Por ello, propuso crear LA OLA, un movimiento que pretendía prodigar dos grandes valores: la disciplina y el sentimiento de comunidad.

Al principio, LA OLA sirvió como nexo de unión entre los chicos. Los alumnos se lo tomaron muy en serio e hicieron piña. Todos entendieron a la primera de cambio que la unión hace la fuerza, por lo que pactaron un nombre, un saludo y un uniforme (camiseta blanca).

Pero todo esto no podía acabar bien. En menos de una semana, LA OLA acabó convirtiéndose en un monstruo. En un tris, la disciplina y el sentimiento de comunidad desembocaron en valores totalmente opuestos: aislamiento, amenazas y violencia. En resumidas cuentas, quien no llevaba camiseta blanca, era poco menos que un paria.

Por supuesto, el imaginativo profesor jamás pudo imaginar unos resultados tan trágicos como los que tuvieron lugar en aquel instituto, pero un conjunto de circunstancias y sentimientos se entrecruzaron sin que él se diera cuenta. El experimento se le escapó de las manos y cuando, por fin, se le abrieron los ojos, ya era demasiado tarde…

A partir de este hecho (tan trágico como real), surgió hace un par de años una versión cinematográfica. De producción germana y con un elenco compuesto mayoritariamente por alemanes, la película “La ola” recibió excelentes críticas. Por ejemplo:

Pedagógica, visceral, catártica, agitadora, clarividente (…). Lo esencial de “La ola”, lo que la hace singular es el impacto que causa en cualquier par de ojos. (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC).

Lo que hace que la denuncia política del film funcione es la cercanía de lo que se cuenta y lo identificables que resultan los personajes (…). Matizada y muy contenida interpretación de Jürgen Vogel, a día de hoy uno de los mejores actores de Europa. (…) (Alberto Luchini: Diario El Mundo).

Pese a las preferencias particulares que tenga cada uno en cuestiones cinematográficas, el espectador medio no puede sino reconocer la calidad de este film teutón. El argumento es bueno y las interpretaciones también lo son. El tema invita al debate y, evidentemente, provoca polémica: no solamente en relación a las claves que explican el nacimiento de un sistema autocrático, sino también sobre los métodos educativos de, cuanto menos, dudosa eficacia. Me refiero a las consiguientes dinámicas de grupo. En estos tiempos que corren, se acabaron las clases magistrales (propias de los profesores, supuestamente carcas, que no van a la moda). En su lugar, el profesor moderno tiene que inventar jueguecitos didácticos, saber utilizar pizarras digitales, hacer Powers Point en vez de repartir apuntes, e invitar a la participación sin un principio de autoridad que marque las reglas base.

Para acabar, un apunte más: la historia de “La ola” se desarrolla a lo largo de una semana, por lo que queda demostrado que, si un grupo de personas es vulnerable (bien porque sus miembros están faltos de cariño, bien porque viven bajo mínimos) son, por consiguiente, fácilmente manipulables. Conclusión: alguien con cierto carisma, con un don de gentes y con una serie de discursos atractivos sobre la mesa puede controlar, en poco tiempo, las voluntades de los más débiles.

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1 comentario to ““LA OLA””

  1. MindyWade28 dice:

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