90-60-90
Antena 3 ha demostrado tener valor al estrenar su gran apuesta de la temporada (“90-60-90: diario de una adolescente”) justamente la misma noche que regresaba uno de los éxitos más sonados de TVE1: “La Señora” (1). En mi opinión, no tienen comparación. La primera serie trata un tema muy explotado en televisión que apenas sorprende, esta vez desarrollado en un mundo superfluo y lleno de tópicos: la moda. La segunda, por el contrario, profundiza en uno de los periodos históricos más interesantes de nuestro país (los años 20 y 30 del siglo XX). Con la dictadura de Primo de Rivera de fondo, la lucha de clases y un amor prohibido son los dos pilares que sostienen la trama.
La protagonista de “90-60-90″ se llama Mel (encarnada por la actriz Esmeralda Moya), una joven de 16 años que de repente se queda huérfana. Completamente sola y con una hermana pequeña a su cargo, tendrá que dejar sus estudios para dedicarse en cuerpo y alma a ser modelo. En la agencia en la que trabaja, Mel conoce al fotógrafo Bruno (Jesús Olmedo). Entre ambos surge el amor y todo podría ser maravilloso, si no fuera porque ella es una adolescente que ni siquiera roza la mayoría de edad y él un hombre de 41 años.
Los hombres maduros interesan mucho a las jóvenes e inocentes adolescentes porque, quizás, tienen algo que un chico de su edad no puede aún ofrecerles. Me refiero a la seguridad y la estabilidad. Las quinceañeras siempre han idealizado a los hombres mayores que, además, resultan físicamente interesantes. Cuando esto sucedía hace muchos años, los hombres apenas se fijaban y, la mayoría de las veces, pasaban absolutamente del ensimismamiento que despertaban en las chicas que no sobrepasaban los 20 años.
Ahora sucede todo lo contrario, ya que la atracción es mutua y se inician relaciones en las que la diferencia de edad es llamativa y, en ocasiones, escandalosa. ¿Por qué? Sencillamente esto se debe a que las “niñas” ya no parecen serlo. Se maquillan, se ponen tacones, flirtean, seducen hábilmente y también quieren ser como las modelos que desfilan en las pasarelas. Tal y como le sucede al protagonista masculino de la serie, los hombres no saben distinguir a una niña de una mujer en cuanto se les pone por delante una minifalda portadora de dos largas piernas (¿o se dice al revés…?).
Así y todo, es lógico pensar que las excepciones también existen y que, por tanto, es posible que el amor surja entre dos personas a las que les separan 10 ó 15 años. Y ahora, pues, me pregunto: ¿el amor tiene edad?
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La presión por la delgadez nunca ha sido tan grande como lo es ahora. Hay una anécdota muy llamativa que denota cómo ha cambiado el concepto de belleza en tan sólo unos pocos años: la modelo Cindy Crawford usó un bikini talla 40 para un anuncio de Danone en los años 90. Actualmente, esto sería impensable.
Las exigencias físicas de la moda es un tema que siempre ha suscitado el debate y la polémica. Tener un cuerpo diez y espectacularmente bonito no es, curiosamente, lo más importante cuando una modelo se sube a la pasarela. Las chicas que desfilan tienden a ser excesivamente delgadas y a no cumplir las medidas que dan título a la nueva serie de Antena 3.

Las medidas de la perfección
Ante esta situación, los estilistas culpan a los diseñadores por hacer tallas mínimas pero, en realidad, la culpa la tenemos todos. Aceptamos los nuevos cánones y las severas exigencias estéticas porque pensamos que la belleza abre las grandes puertas del éxito (personal y profesional). Aunque no siempre es así, es absurdo e hipócrita negar que nuestra sociedad valora en exceso el aspecto físico.
Desde que se estableciera el canon de mujer perfecta con las medidas 90-60-90, las mujeres en general (y no solamente las modelos) hemos estado luchando toda nuestra vida para lograr conseguir esa perfección (ya sea a base de dietas, sesiones intensivas de gimnasio o cirugía estética). En la mente de todas las que anhelamos esos cuerpos sumamente perfectos, tenemos siempre en mente a famosas actrices que copan la atención de todos los medios de comunicación. Sin lugar a dudas, Charlize Theron (91-60-91), Kim Basinger (91-61-91), Marilyn Monroe (91-61-89) y Sharon Stone (91-63-89) son mucho más atractivas para los hombres que la mayoría de las modelos actuales. Éstas deberían representar a la mayoría de las mujeres para lanzarnos, en consecuencia, el mensaje más alentador de todos: nadie es perfecto.
Las celebridades de Hollywood que hace unos años fueron delgadas, hoy llevan unos kilos de más sin ningún problema. La mayoría de ellas siguen siendo igualmente admiradas porque las formas del cuerpo son propias de la edad y también muy atractivas si se saben llevar con elegancia. Supongo que esa es la clave: la elegancia distingue a la mujer diez del resto. Y es a eso a lo que deberíamos aspirar.
La escritora británica Joanne K. Rowling, autora de los famosos libros de Harry Potter, dijo en su página web que estar gordo no es malo y que en la vida hay cosas más importantes que el aspecto físico. Al fin y al cabo, ella se gana la vida utilizando el cerebro y su éxito literario nada tiene que ver con su cuerpo. Somos muchas las chicas que deberíamos aplicarnos el cuento y entender que el 80% de las mujeres del planeta somos del estilo de Meryl Streep, Susan Sarandon, Kate Wislet y Drew Barrymore. En definitiva, algunas somos del montón y casi todas tenemos formas.
El concepto de belleza a partir del siglo XX equivale a la extrema delgadez y a la juventud, un concepto poco alcanzable y menos saludable. La belleza es un concepto que va más allá de lo puramente estético, va a definir en gran medida nuestra visión del mundo y nuestra manera de relacionarnos con él. Implica aquello que consideramos bello, hermoso, eterno en nuestra memoria y, por lo tanto, merecedor de amar y conservar
La belleza es algo subjetivo que depende de la mirada y la sensibilidad de cada cual. Sin embargo, nos empeñamos en convertir algo que nos permite trascender en una construcción bastante simple y ahora perversa, que conlleva un intento de uniformidad de pensamiento y de manufacturar una mirada estándard, no sólo por una pobreza en el mundo de las ideas en general, sino porque es en particular, un gran negocio. Los mercaderes de la frustración nos ofrecen todo tipo de productos y servicios para cambiarnos el aspecto, o sea, para cambiarnos la vida. Son fórmulas mágicas para ser felices gracias a nuestros cuerpos a la carta. Hemos convertido nuestro cuerpo en una prisión en vez de una expresión.
“Contra la cultura de la delgadez”, Sonia Guedes Ortiz.
1. La programación es tan amplia en septiembre que resulta muy complicado despegar en solitario en busca de un público fiel. Lo más habitual es que dos o más series coincidan la misma noche y en la misma hora, lo que provoca una cierta impotencia en los espectadores que bien quisiéramos verlo casi todo. Esta situación de dualidad (¿qué vemos esta noche y qué dejamos de ver?) se ha visto agravada especialmente ahora que los canales en abierto de la TDT están dejando de reponer programas antiguos para arriesgarse, finalmente, con estrenos novedosos. Quizás hayan visto que la mayor parte del público todavía está acostumbrado a los siete u ocho canales de siempre. Por eso, las apuestas de la Televisión Digital Terrestre para los próximos meses son bastante atractivas (un ejemplo reciente es el de “Army Wives“, serie emitida en FDF desde el viernes pasado).
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