“QUE SE MUERAN LOS FEOS”
El cine español en general no es malo por naturaleza. En realidad, creo sinceramente que sucede todo lo contrario, puesto que en España se hace muy buen cine. Lo que pasa es que (influidos por una tendencia estilística que viene de muy lejos) hemos hecho como propio un tipo de comedia que, de tan poco seria, suele rozar con frecuencia el ridículo, lo absurdo, y también lo extravagante y ordinario. Ahora sería un buen momento para citar algunos ejemplos pero, después de pensarlo bien, he decidido curarme en salud, no sea que algún lector (si es que los tengo) sea un apasionado de las comedias made in Spain.
No estaría haciendo una crítica tan severa, si no supiera con certeza que tenemos grandes talentos en nuestro país, así como muchas posibilidades de dejar a los espectadores con la boca abierta. Al tratar películas históricas y dramáticas, los resultados vienen a ser muy distintos: magníficos trabajos en la realización y en la interpretación.”Hector”, “La vida de nadie”, “Juana la loca”, “Tiempos de azúcar”, “Pájaros de papel”, “Los Borgia”, “El abuelo”, “Ágora”… son sólo algunos títulos que quería destacar en estas líneas. Con ello quiero demostrar que, dentro de nuestras fronteras, sí disponemos de lo más importante para triunfar en el cine (y no es la tecnología, ni mucho menos el dinero). Me refiero al talento.
Soy bastante reacia a perder el tiempo con films que no me aportan nada nuevo. Y la verdad sea dicha, muchas de nuestras comedias tienen un sello característico que, en lugar de favorecernos, más bien nos coloca en la lista de los más cutres. Suele decirse que los españoles no tenemos vergüenza y, en materia cinematográfica, sí deberíamos tenerla mínimamente en más de una ocasión.


Hace poco vi en el cine “Que se mueran los feos” (título muy curioso que se inspira en una conocida canción de los Sírex (1), un grupo de rock español nacido en la década de los 60). Pese a que intuía que iba a ser una comedia como las de siempre, la verdad es que me picó la curiosidad. No fui muy convencida a la taquilla, pero en mí había un pequeño resquicio de esperanza. Javier Cámara y Carmen Machi merecían la oportunidad que finalmente les di, ya que ambos infieren una cierta garantía en los más escépticos como yo. Junto a ellos, el reparto se presentaba coral y bastante atractivo: Hugo Silva, Tristán Ulloa, Juan Diego, Ingrid Rubio, María Pujalte y Kira Miró, entre otros.
Pues bien, a pesar de mantener ramalazos muy españoles (como el espectacular y absurdísimo atropello de la madre del protagonista), tengo que reconocerlo: me reí con algunas escenas y me emocioné con otras. Además de ser una película agradable de ver, después de todo pude extraer un importante mensaje de fondo: que todos buscamos el amor verdadero, que nadie escapa a esta incansable búsqueda vital y que, para encontrarlo, poco importa el aspecto físico. Las personas necesitamos sentirnos queridas por lo que somos y no por cómo somos (siendo éste un pequeño matiz lingüístico que no semántico).
Pese a este título que en nada favorece a los menos agraciados, “Que se mueran los feos” hace una apología de la belleza interior (2), al tiempo que automáticamente menoscaba la exterior (equiparando ésta a la superficialidad exagerada de los guapos). En todo caso, la controversia siempre está implícita ahí donde se hace una férrea apología ya que, cuando alguien hace una defensa absoluta de algo, normalmente está desechando otras posibilidades, otros puntos de vista y diferentes opiniones.
Por tanto y para acabar, os recomiendo que veáis esta disparatada comedia. De ella no hay que esperar gran cosa, pero tampoco menos. Como decía al principio, pasas un buen rato y, además, te deja buen sabor de boca. Y si no sacáis nada o muy poco en claro de la sesión cinematográfica, al menos quedaros con la siguiente frase: “la división entre guapos y feos es otra lucha de clases”. ¿Exageración o realidad?
(1) Escuchad la versión original de la canción en http://www.cersa.es/gramola/quesemueranlosfeos.mp3
(2) “Historia de la fealdad”, un volumen vistoso y cromático a cargo de Umberto Eco y el cual sigue al de otro titulado “Historia de la belleza”.


Muy bien,me ha gustado mucho