“An education”: Eso que a todos nos hace falta

“An education”: Eso que a todos nos hace falta

Me gustaría centrar mi atención en el día de hoy en un producto continental de indudable calidad, alabado por la crítica internacional, ensalzado por todas las academias del séptimo arte y, nuevamente, denostado por los medios de difusión en favor de otras películas de procedencia única, argumentos reiterativos y presupuestos exorbitantes. Estoy hablando de “An education”, un largometraje británico producido por la propia BBC y galardonado por las más prestigiosas asociaciones cinematográfias europeas pese a haber sido su existencia tácitamente omitida al conocimiento del cinéfilo de a pie. De reparto desconocido (salvo por la breve incursión de la actriz inglesa Emma Thompson) aunque integrado en una intrigante trama argumental enmarcada en la clase media londinense de la década de los 60, “An education” está provista de una riqueza de matices temáticos cuyo análisis cederé, por respeto a la sensibilidad de quienes lean este artículo, a mi compañera y amiga Laura B. Me temo, pues, que tendrán que esperar al próximo viernes para deleitarse con una verdadera y rigurosa crítica cinematográfica. No obstante, y como consejo al espectador, incidiré en que el visionado de la película en versión original subtitulada (lo cual estará disponible en la mayoría de salas dada la desidia en el doblaje de filmes que son estrenados sin publicidad alguna y proyectados al vacío a la espera de ser abocados al vórtice del olvido) nos permitirá apreciar sutiles matices que realzan el realismo de ésta, así como la distinguida al tiempo que pedante musicalidad del acento londinense que ostentan sus protagonistas.

Tal vez de un breve vistazo, puede parecer que el largometraje aborda la temática de la complejidad amorosa, la infidelidad, la perversión sexual intergeneracional, o la pedofilia encubierta y tolerada por otros adultos. Nuevamente, cederé a mi compañera el dudoso honor de ahondar en las minucias argumentales así como en la morbosidad de algunas escenas susceptibles de incitar la repulsión incluso en los estómagos más impasibles. Tan sólo citaré, a modo de perversa sugestión, que de la presencia de una muchacha de 16 años, un seductor en la treintena y una banana en un mismo escenario cinematográfico no cabe esperar nada conmovedor. Y mi errante memoria no puede sino llevarme a un pasado no muy lejano en el que la jovencita de 15 años que intimaba con un “caballero” de 30 era comtemplada con un compendio de temor y recelo por sus compañeras de clase. Sinceramente, todavía me enorgullezco de ser la única que no profirió un grito de admiración ante un escabroso relato de pérdida de virginidad de dicha muchachita a manos de un treinañero exaltado que, gentilmente, costeó los gastos de una ruinosa pensión, el taxi de retorno, y la píldora del día después (¿cómo va alguien capaz de despojar de su inocencia a una criatura tener la suficiente consideración como para usar preservativo?). Aunque, a mi juicio, lo más deleznable es, sin duda, el asunto de la pedofilia consentida, es decir, aquélla que, ya sea por motivos personales, la mera ignoracia, o en el caso de la película, por la absurda concepción de que a todo cuanto una joven puede aspirar en su existencia es a posicionarse en la escala social mediante “un buen matrimonio”, es tolerado (y en ocasiones bien considerado) por los progenitores o responsables de la menor.

Mas no es la pederastia el núcleo en torno al cual gira la trama argumental del filme, pese a que no ignoro que una breve mención a los exultantes matices eróticos de éste puede, tal vez, facilitar la legibilidad de mi escrito. Lo que verdaderamente se desprende, desde mi perspectiva, de “An education” es que todo aquello capaz de proveernos de una felicidad duradera y tangible requiere de un esfuerzo que hace a la tarea poco atractiva de acometer. ¿Cuántos inversores que trataron de lucrarse con el llamado “boom inmobiliario” subsisten en el presente gracias a la solidaridad de las instituciones? ¿Cuántos alpinistas anhelarían alcanzar la cima del Everest si se instalara un ascensor para el acceso a la misma? ¿O acaso no nos resulta más sabroso el bizcocho que nosostros mismos elaboramos (y digo esto porque tengo uno en el horno cuyo aroma estoy empezando a percibir), pese a que sus extremos requemados y su apelmazada consistencia lo hacen incomparable al que adquirimos en el horno?. Cuando somos jóvenes e inmaduros (como lo es Jenny, la protagonista, al anteponer su matrimonio a un añejo acaudalado al estudio de una carrera universitaria), las bohemias esencias e hipnóticos colores de objetivos tan asequibles de alcanzar como de perder nos embriagan y seducen obnubilando nuestro raciocinio. Y pocos serán los que no hayan envidiado en alguna ocasión la ociosa e insustancial existencia del millonario. ¿O acaso no estoy en lo cierto?

Desconfiemos, por consiguiente, de la carretera llana y bien iluminada, porque , con toda. probabilidad, se cortará en un abismo sin fondo del que tal vez no podamos remontar. La senda sinuosa y escarpada, aquélla donde nos azotan los vientos huracanados y una bandada de buitres picotea anticipatoriamente nuestros globos oculares (irónicamente hablando) es, en mi opinión, la vía menos temible a escoger. Y si nos magullamos las rodillas, o nos precipitamos al vacío, siempre encontraremos otra rocosa y escarpada pendiente por la cual retomar el ascenso a la cima de nuestro Everest particular.

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12 Comentarios to ““An education”: Eso que a todos nos hace falta”

  1. ruiseñor dice:

    La culpa es de las madres, que las visten como putas

  2. mataralruiseñor dice:

    Siempre habrá una guarra oportunista para un salido adinerado enfermo…
    Buen artículo

  3. ruiseñor dice:

    Tia Rosario, tanto nooo!

  4. Cat's pyjamas dice:

    Vaya, me dejaron sin palabras.

  5. SpongeBob dice:

    Percebes!

  6. Carolinag dice:

    ¿Serían tan amables de escribir algo relacionado con el artículo? Estoy empezando a dudar que lo hayan leído. ¿No tienen un muro en facebook donde deahogarse? Además, sólo hice petición : que se comentara el artículo SIN ALUSIONES PERSONALES NI FAMILIARES. Semejante retahila de sandeces no me hace ningún favor:sólo me jode viva.

  7. laurab dice:

    Muy bien, Cárol. Me he reído mucho cuando has hablado tan irónicamente de LA ESCENA “erótica” que protagoniza un esmirriado plátano.

  8. Carolinag dice:

    Mil gracias, Laura. Espero impaciente tu crítica. Seguro que me entero de cosas que me pasaron desapercibidas (y eso que vimos la peli juntas)

  9. DarkLady dice:

    Me ha gustado más esta crítica que la anterior, supongo que porque mencionabas más cosas sobre la película y mencionabas cosas en las que yo no me había dado cuenta y ahora pienso: ¡anda, pues es verdad!
    Considerando que me encuentro en un terreno escarpado y sinuoso de mi vida, ¡me ha encantado tu conclusión!
    Well, done, dear ;)

  10. Belgium dice:

    Entretenida prosa, pero dudo, Señorita, que más de un 5% de los que alumnos de secundaria tengan la capacidad de colegir en su plenitud las honduras, los maticices y las sutilezas de su atildada expresión.

  11. Carolinag dice:

    En realidad, dudo que más de un 5% de los estudiantes de secundaria sepan leer. O que vayan al cine, a no ser que la peli esté protagonizada por alguien de “Física o química” o “Los hombres de Paco”.

    En cuanto a ti, Dark Lady, no sé por qué pero sabía que tú sí habrías visto la película (y, hasta el momento, creo que eres la única).

  12. cat's pyjamas dice:

    Veo que la cosa va a mejor, Carolina.
    Bueno, hablando con palabras algo más llanas y trasladando la historia al aquí y ahora: Con esta crisis actual, y no me refiero a la económica de la que todos ya nos hemos enterado (no?), sino a una especie de crisis existencial-moral-y yo qué sé qué más, que se palpa en los ambientes de la tierna juventud (haciendo alusiones a tu anterior crítica, Carol, “no sólo lo veo yo, no?”)… veo bastante difícil que hoy en día una pipiola de 16 años (posiblemente con edad cerebral de 3 y genital de 35, ambas dos, creo, bastante incompatibles) dude mucho, desgraciadamente, a la hora de escoger entre estas dos opciones, I mean, papito rico-vida arreglada o ¡jopeta, qué rollo! a estudiar, a estudiar y a estudiar… y pa qué??. Vamos que como me dijo una vez una muchacha de diferente etnia a la nuestra, “mira, a más tiempo que pase estudiando, más tardo en encontrar un marío que m’arrengle la vida, y además que… pa qué??, si yo no voy a ser abogá, sabes??”.

    Por cierto, que la historia está basada en una autobiografía de la periodista Lynn Barber… jo, qué vergüenza, no?.

    (Ah, mira, que no he visto la peli, pero todo esto ha estado muy bien, tus comentarios excelentes, como de costumbre, aunque tengo que leerlos siempre un par de veces mínimo -ya ves, soy algo lenta y encima tengo déficit de atención o algo de eso- así que después de esto presiento tardaré escasos días en verla).

    Miau.

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