Una vez finalizado el año 2009, todos esperamos impacientes que se produzcan los grandes cambios que augura una cifra tan redonda como el 2010 (entre ellos el inicio de unos tiempos mejores). Mientras todo se pone en su sitio (o no), tendremos que conformarnos con dos de las grandes novedades que nos presenta la pequeña pantalla: ”Águila Roja” regresa con su segunda temporada y, además, lo hace sin un solo anuncio publicitario.
Entre todos los personajes que aparecen regularmente, hay uno que me fascina mucho: el de la marquesa de Santillana, una mujer que tiene también una doble cara. Por un lado, es mala, despiadada, exigente y caprichosa y, por otro, se muestra sensible y vulnerable, mas también siente un profundo amor por Gonzalo de Montalvo (el alter ego del héroe enmascarado).
Hay también un detalle importante que define a la marquesa. Se trata de su nombre de pila, Lucrecia, el cual no ayuda en absoluto a potenciar su lado más humano; entre otras cosas porque tiende a recordarme a otros personajes femeninos con muy malos propósitos, al estilo Cruela de Vil en ”Los 101 dálmatas” y la malvada Úrsula en “La Sirenita”.
La actriz que interpreta a la marquesa es Myriam Gallego, una joven actriz de Orense que con este papel ha demostrado cuánto vale. Seguramente la recuerden en su papel de becaria en la serie “Periodistas”. Ha llovido mucho desde entonces y creo que este personaje ha sido una magnífica elección en su carrera, pues con él nos ha cautivado a los miles de espectadores que seguimos las aventuras de Águila Roja.

TVE1 apostaba el año pasado por un género apenas explotado en este país, el género de aventuras, cuyo éxito fue abrumador y superó cualquier expectativa. Ahora, la segunda temporada de “Águila Roja” promete mucha más acción, pues un pasado desconocido y misterioso desconcierta al protagonista, y lo sume en una incansable búsqueda de sus verdaderos orígenes.
El estreno de la nueva temporada fue, el pasado 7 de enero de 2010, el espacio más visto del día con más de 5’6 millones de espectadores y un 27’6% de share. El segundo episodio (que se emitió ayer por la noche) es muy posible que obtenga unos resultados de audiencia muy parecidos, es decir, muy buenos. Y creo que esta vez mucho ha tenido que ver la nueva gestión financiera de la cadena.

El constante e impertinente taladreo publicitario al que estamos acostumbrados se ha acabado en TVE, un nuevo panorama el cual supone, a mi entender, una gran ventaja a la hora de batallar en la guerra de las audiencias. La cadena pública de todos los españoles ha dado un paso muy importante, a pesar de haber sido criticada por muchos frentes. Son, cómo no, los partidos de la oposición los que han vertido las críticas más severas.
La nueva ley de financiación es bastante peculiar, pues exige que se establezcan dos fuentes de financiación que, en suma, sostengan todos los gastos de la cadena. Si antes eran los anunciantes los que pagaban por anunciarse en televisión, ahora es el Estado el que tiene que poner 550 millones de euros, mientras que las televisiones privadas y los operadores de telecomunicaciones son los que aportan un 3 y un 0’9% de sus ingresos, respectivamente.
En principio, creo que la táctica que el gobierno ha puesto en marcha para suprimir por completo la publicidad comercial es buena y, al menos, parece tener algo de sentido. Falta saber si en la práctica, y a la hora de reajustar los horarios, este nuevo modelo de televisión pública es efectivo y rentable (cosa que la Comisión Europea parece no tener muy claro por ahora).
Así pues, sólo cabe esperar y ver si la decisión ha sido la correcta. Supongo que siempre existe la posibilidad de volver atrás y desenmarañar lo enmarañado. De ser así, el gobierno no podría evitar la mala imagen que esto podría suponerle, mientras que la oposición se frotaría las manos con mucho gusto para aprovechar la coyuntura y atacar a destajo.
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