UN VIAJE AL PASADO…
…Y UN DEBATE
Tras el final de la primera temporada de “Doctor Mateo”, cuyo éxito ha sido arrebatador vistos los últimos datos de audiencia, el domingo pasado se estrenó “La chica de ayer”, otra serie española que muchos esperábamos con cierto interés y, sobre todo, con una gran dosis de curiosidad. La nueva apuesta de Antena 3 se basa en una serie británica que tuvo muy buena acogida en su país de origen y, de hecho, ganó diversos premios. Se trata de “Life On Mars”.
Los personajes de “La chica de ayer”
La versión española apuesta por la ficción. Aunque el punto de partida de la serie es un hecho sobrenatural, la verdad es que no se utilizan efectos especiales. No se trata de un salto futurista, sino todo lo contrario: trata sobre un inspector de policía que, debido a unas determinadas circunstancias y sin saber cómo, se planta en el año 1977. Sigue siendo la misma persona, pero 32 años atrás.
En lugar de dar rienda suelta a la imaginación y contar cómo podría ser nuestro futuro dentro de unas décadas, lo que hacen los guionistas es retornar al pasado. El inspector Samuel Santos (encarnado por Ernesto Alterio) es de repente uno más en plena Transición Española. La situación en la que se encuentra es muy curiosa, pero también un poco desesperante. Su visible y natural desubicación es muy comprensible dadas las circunstancias descritas, aunque tengo la ligera sensación de que el personaje de Manuela Velasco sabrá ayudarle de alguna manera… digamos que predecible.
Los españoles pocas veces nos arriesgamos con las series de ciencia ficción, quizás porque pensamos que para eso ya están los norteamericanos. En cambio, preferimos producir series más realistas y, por ende, mucho más próximas al espectador medio. Solemos decantarnos por producciones que despiertan fácilmente la simpatía y, en ocasiones, la nostalgia de tiempos pasados. “La chica de ayer” se sitúa a mitad camino: entre la ficción y el realismo histórico. También se incluyen algunas pinceladas de política, cosa inevitable cuando se tratan ciertas épocas (sensibles algunas y determinantes otras).
Reconozco que Ernesto Alterio no me gusta demasiado. Sin embargo, he de reconocer que el argumento de la serie es bastante original. El resto del reparto pasa desapercibido, exceptuando el personaje que interpreta Antonio Garrido. Me parece que este actor lo hace muy bien. Su rudeza, antipatía, mal carácter y machismo extremo, así como los métodos policiales que utiliza sin miramientos de ningún tipo, le hacen ser un personaje interesante que seguramente dará mucho juego a lo largo de la temporada. Es más, creo que este hombre melenudo, zafio y grosero evolucionará positivamente.
…
Llegados a este punto del artículo, quisiera resaltar un tema que se plantea en el primer episodio de la serie. A penas se profundiza en él y tan sólo queda reflejado en un breve diálogo en plena comisaría. Seguramente habrá pasado desapercibido y, por ese motivo, voy a escribir un simple cometario al respecto.
Situemos los hechos en primer lugar. Encontramos un psicópata del 2009 que ya había asesinado en 1977. Los patrones son exactamente los mismos y, una vez se ha demostrado esto, no cabe duda de que se trata de la misma persona. Después de 32 años de inexplicable ausencia, el asesino vuelve a la carga y el inspector Samuel Santos debe atraparlo antes de que reincida en un nuevo asesinato, pero no lo consigue porque, inesperadamente, un túnel iluminado lo transporta justamente a la España de 1977.
Lo importante es que el protagonista lo atrapa finalmente y, cuando piensa que ya ha cumplido con su deber y puede regresar al siglo XXI, se da cuenta de que su intervención en el pasado no cambia el futuro. Sus compañeros de la comisaría le aseguran que el asesino jamás saldrá de su celda porque la cadena perpetua está vigente, pero… ¿¿hasta cuándo?? La Constitución Española de 1978 abole la cadena perpetua y, a partir de ese momento, las penas máximas son de 30 años. Éste es el tema tan polémico al que hacía antes referencia porque, de haber continuado en vigor la cadena perpetua en España, el psicópata de la serie no habría matado de nuevo.
Confieso que yo no creo en la reinserción de aquellas personas que, debido a una maldad extrema o a un peligroso trastorno psicológico, hacen daño sin un ápice de arrepentimiento. Pero no nos equivoquemos. Es cierto que en Europa existen países como Italia, Alemania y Francia, en los que la reclusión a perpetuidad se utiliza en los delitos más graves pero, según dicen algunos expertos en la materia, el Código Penal español no es necesariamente más suave, ya que en los tres países citados existe la posibilidad de modificar la situación penitenciaria del reo mediante “formas atenuadas” como la cadena perpetua condicionada, que exige una revisión de las condenas cada cierto tiempo. Esto significa, pues, que la pena no es tan implacable y severa como algunos piensan. Tan sólo legitima la posibilidad de encerrar de por vida a las personas que no tienen remedio y que, lejos de hacerse daño a ellos mismos, se lo hacen al prójimo. Dicha posibilidad creo que es sensata y, en muchos casos, necesaria para garantizar la seguridad de los ciudadanos.
De un tiempo a esta parte, muchas personas se han vuelto a plantear si la cadena perpetua es actualmente necesaria en España y –lo que es más importante– eficaz. La polémica está servida y la opinión pública dividida. El objetivo de este artículo no es otro sino el de exponer el problema para así suscitar en este blog un interesante debate que, espero, no caiga en saco roto.
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