“FRINGE”, LA SERIE SIN LÍMITES
La imaginación puede surcar grandes mares y escalar arduas montañas. Lo que ahora parecen sueños imposibles de alcanzar, pronto podrían hacerse realidad. ¿Venceremos algún día la batalla contra la vejez?; ¿nos teletransportaremos en un abrir y cerrar de ojos?; ¿hallaremos un planeta más allá del infinito también poblado de seres como nosotros?; ¿viajaremos a la luna con tanta facilidad como ahora reservamos un vuelo de Ryanair por unos míseros euros?
El caso de Julio Verne siempre ha llamado mucho la atención, pues parecía ser casi un visionario con una cierta capacidad sobrenatural. A lo largo de toda su vida, desarrolló una especie de literatura científica, con la que anticipó muchos de los inventos que posteriormente asombrarían al mundo entero: las armas de destrucción masiva, el helicóptero, las naves espaciales, los transatlánticos, Internet, los submarinos y el ascensor, entre otros. ¿Tenía, pues, el don de la predicción o más bien era un hombre con una potente imaginación, cuyas precisiones descriptivas inspiraron a los científicos e inventores del futuro?
Ahora son muchas las series y películas que se han apoderado de esa función inspiradora (¿o predictiva?) al más puro estilo Julio Verne. “Fringe” (Al límite), por ejemplo, es una serie de televisión que oscila entre lo real y lo ficticio. En ella suceden cosas que nos parecen descabelladas pero que, al mismo tiempo, podrían ser reales algún día.
Buena parte de su trama gira en torno a la llamada “ciencia fringe” o “ciencia marginal”: racional pero poco probable y altamente especulativa. Esta especie de pseudo-ciencia experimenta con todo ese tipo de cosas que, al tiempo que fascinan, también causan cierto resquemor. Así somos nosotros: pura contradicción. Por una parte, confiamos en la ciencia para resolver todos los problemas de la humanidad y, por otra, desconfiamos de ella.
Todos, al fin y al cabo, podemos intuir los peligros que entrañan cosas como la telepatía, la precognición, la psicoquinesia, la levitación, la materia oscura, la animación suspendida o la criptozoología. Porque el principal inconveniente de pisar suelos proclives a formar arenas movedizas, es el constante peligro de caer en una de ellas y no poder salir indemnes. Jamás deberíamos dar por sentado las cosas sin contar antes con sus efectos secundarios.
Se ha llegado a matar en nombre de Dios. ¿Resulta, entonces, tan insospechado que se cometan serios delitos (no tanto legales como sí éticos) en nombre de la ciencia? Por ejemplo, en Corea del Sur, una empresa con capital de ese país, de Estados Unidos y del Reino Unido ha puesto en marcha una verdadera factoría para producir, a una escala nunca vista, embriones clonados. Dicen que los fines son únicamente terapéuticos, pero es muy probable que de ahí acabemos desembocando en un campo bastante más delicado: la clonación reproductiva, es decir, la reproducción de seres humanos.
Aunque creamos en nuestro potencial, ojala la fe en nosotros mismos nunca llegue a ser ciega del todo. Mantengamos los pies en la tierra y no hagamos locuras que podrían costarnos muy caras. Podemos llegar a conocer los misterios en los que la ciencia todavía no ha penetrado, pero es también muy importante que seamos conscientes de que van a haber cuestiones incognoscibles, preguntas como qué hubo antes del Big Bang.
Alguien dijo alguna vez que una buena comprensión de lo que es la ciencia nos obliga a tener paciencia para llegar a conocer lo que todavía no conocemos y humildad para aceptar que hay respuestas que nunca podremos conocer por más que nos empeñemos.

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Sí, las posibilidades de la ciencia son tan espeluznantes como fascinantes, según el caso.
Y tanto. Sólo con decir algunas de las cosas de las que podemos ser capaces algún día, pone los pelos de punta….