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Se dice que las modelos, una vez sobrepasan la edad “apropiada” para desfilar, la salida profesional más lógica para ellas es la interpretación. En más de una ocasión he leído esta teoría que, en mi opinión, no tiene ni pies ni cabeza porque no todas las modelos pueden ser también buenas actrices. Nada tiene que ver una cosa con la otra. Una cara bonita y un cuerpo espectacular (o esquelético según la moda actual) no garantizan la realización de un trabajo interpretativo de calidad por parte de la modelo que aspira a ser una Bette Davis del siglo XXI.
El caso de los actores es diferente cuando éstos intentan ser directores de cine. Es cierto que el talento, el buen gusto y la iniciativa son algunas cualidades importantes que deben poseer los actores que se embarcan en esta odisea. Sin embargo, cuentan con una ventaja que las modelos, por su parte, no tienen: para ellas, la interpretación es un campo desconocido por completo, mientras que ellos, a base de muchos años ejerciendo su profesión ante las cámaras, acaban aprendiendo el proceso de preparación y elaboración que una película conlleva. Para que los actores salgan bien parados de esta incursión, necesitan una buena dosis de experiencia y un cierto interés (digamos que especial) por el trabajo de aquellos que consiguen que una película tenga sentido en sus diversas facetas: tanto la argumental como la estética.
Algunos actores han fracasado en el intento y estoy convencida de que habrán pensado aquello de: “una y no más, Santo Tomás”. Otros, por el contrario, han demostrado con sus obras ser unos directores de cine muy buenos. Por ejemplo, Clint Eastwood, Kevin Costner, Warren Beatty, Robert Redford, Woody Allen y, por supuesto, Mel Gibson. La trayectoria de este actor australiano (el último de esta breve lista) es muy curiosa porque, al menos según mi punto de vista, ha demostrado ser mejor director que actor. Quizás esto se haya debido a la poca trascendencia de muchos de sus trabajos como protagonista; unos trabajos abocados a la acción e incluidos casi siempre en el género policíaco (“Arma letal” y “Mad Max” son sólo dos ejemplos). En sus inicios, este tipo de películas le reportaron un gran éxito que le hizo llegar a lo más alto pero, pasado el tiempo, todos hemos comprobado que sus registros interpretativos son bastante limitados.

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